Historias de Avistadores de Aves

miércoles, 29 de agosto de 2012

El Valle a finales de Agosto. Río Matarraña, 2012.

Estornino pinto juvenil (Sturnus vulgaris)




La vegetación de las orillas del río, 

durante la primavera y primera parte del verano, se llenaba de aves de pequeño y mediano tamaño. Agarrados a una ramita, cantaban los machos, a los cuatro vientos, su disponibilidad, su candidatura. Yo soy el más vigoroso y guapo, elegidme chicas!!...mientras, las chicas, observaban con calma, escrutando, con la tranquilidad que da el pasar desapercibidas por su plumaje apagado.  

Con los pollos nacidos, la vegetación de la ribera seguía albergando mucho alimento y refugio para ser colectado por los padres, en sus interminables viajes de aprovisionamiento. Así que seguían estando ocupadas. 

Más tarde, se podían ver pajaritos de todas las especies con su plumón. Mientras el plumón iba desapareciendo, todavía la vegetación de las orillas era frecuentada pues los padres enseñaban las pautas básicas de aprendizaje (canto, vuelo, reconocimiento territorial, presas, enemigos, otros miembros de su especie...) mientras les seguían alimentando. 

Después vino el calor, calorazo, y ya apenas se les veía, pero se les oía. Estaban, o mejor dicho, quedaban algunos. Los pequeños se movían entre las zarzas y, los medianos, como los Abejarucos, ya habían formado los bandos de cría y sólo se les podía oir y ver a primeras horas de la mañana, volando a mediana altura camino del comedero.  Los Gorriones parecían ser los dueños del cotarro, recorriéndolo todo en bando grandes e inquietos. 

A finales de Agosto, la vegetación de la orilla del río se ha quedado solitaria. Una Gallineta juvenil Gallinula chloropus) 

se esconde entre los juncales, un Cetia ruiseñor juvenil canta con fuerza pero desafinando todavía, un par de Ánades Azulones (Anas platyrhynchos), recorren, desde una altura mediana y a toda pastilla, el trazado del río,

una Lavandera cascadeña (Motacilla cinerea)  como un semáforo amarillo, hace flexiones sobre una roca del río, 

y un Andarríos chico (Actitis hypoleucos),

que anda tanto como vuela. 
 . Pero las zarzas, arbolillos y árboles se han quedado sin sus coloridos y cantarines visitantes. 

Por contra, la campiña 


se ve atravesada rápidamente por numerosísimos bandos 


de muchas de las aves que habían ocupado la vegetación de la orilla. Estos bandos, a primera hora de la mañana, han abandonado sus dormideros y recorren sin cesar la campiña en busca de los mejores comederos. Algunos son muy grandes, con decenas de individuos:  Fringílidos, Abejarucos,   Gorriones, Cornejas, recorren la campiña como si llegaran tarde. Otras aves van en grupos más reducidos, de media docena, de dos o tres, como los Zorzales y las Torcaces

Algunos de los africanos ya no están. Se han ido, más al sur y al este, en silencio, por la noche, sin alharacas, para juntarse con los amiguetes de su pueblo y, a la voz de ya, largarse de aventura a África. Muchos otros les seguirán en los próximos días. 

Los del pueblo de aquí, se quedan más anchos y quizás algo tristes. Pero esta calma chicha no les durará mucho. A no muy tardar vendrá el frío, la mayoría de los insectos, anfibios y reptiles dirán bye bye y ellos se las tendrán que ingeniar para ver qué comen el invierno. 

viernes, 24 de agosto de 2012

Voces del río Matarraña en Agosto de 2012.

A las aves del río en agosto en más difícil de verlas, o como algunos dicen, se dejan ver poco.  Los que están sobrerrepresentados a primera vista son los gorriones.

En el río, aunque apenas se les ve, se oyen Gallinetas comunes (Gallinula chloropus), Mito (Aegithalos caudatus), Motacilla cinerea (Lavandera cascadeña), 


Cetia ruiseñor (Cettia cetti), Ruiseñor común (Luscinia megarhynchos), Petirrojo (Erithacus rubecula) y algunas más. 

miércoles, 15 de agosto de 2012

Abubilla en los Puertos de Beceite

Upupa epops prefiere el valle a la montaña. Sotos, campiñas y claros del bosque bajo, forman el grueso de su hábitat. Pero los animales silvestres distan mucho de atenerse a normas o dicho de otra manera, son muchas las excepciones a la regla. La Abubilla de las siguientes fotos estaba en el lugar más desolado, árido y sometido a fuertes vientos que imaginarse pueda. 










En la repisa de un acantilado a 1.400 metros de altura, parecía tener su feliz hogar, lejos de cualquier riachuelo y bastante lejos de charcas de agua de lluvia. 

Se quedó bastante extrañada de ver seres humanos en aquél paraje y permaneció observándonos. Al cabo, emprendió el vuelo a la copa de un pino instalado en pleno precipicio, desde nos miraba con mayor tranquilidad, aunque en ningún momento mostró inquietud. 

Por cierto, los Abejarucos (Merops apiaster) también prefieren los hábitats del valle. Y, curiosamente, me atrajo la atención el silbar de un bando de Abejarucos, volando cerca de la Abubilla, en lo más alto de los Puertos de Beceite.  

Cernícalo vulgar por los roquedos de los Puertos de Beceite

Falco tinnunculus prefiere las zonas de la campiña mediterránea para cazar, aunque nidifique en algún roquedo cercano. Si sube a los Puertos, prefiere las zonas llanas y abiertas de los páramos para poder cazar esos animalillos pequeños que conforman su dieta: insectos, micromamíferos y reptiles. Su vuelo de caza es lento, examinando bien el terreno, dando numerosas pasadas a poca distancia del suelo. De vez en cuando, descansa en lo alto de un pino desde el cual puede seguir oteando. 

Pero es mucho más infrecuente verlo volando como una flecha, entre acantilados y grandes farallones, como si llegase tarde. 














 El cernícalo mantiene una doble vida, más agitada y salvaje!

Colonia de Aviones roqueros en los Puertos de Beceite

Ptyonoprogne rupestris (Avión roquero) cría en colonias, como sus primos los Aviones comunes (Delichon urbica) pero, siempre hay un pero, los protagonistas de esta historia prefieren acantilados en las partes más altas de los Puertos de Beceite. Los Aviones comunes crían en la parte inferior de los salientes de los tejados, en nidos fabricados por ellos mismos con barro y lana. Los Aviones Roqueros aprovechan pequeñas oquedades en la roca para instalar su nido.

Viven pues en hábitats muy diferentes uno urbano, otro salvaje, y el tipo de vuelo también está influenciado por el hábitat: más horizontal en los Aviones comunes, más vertical en los Aviones roqueros. Las colonias son más numerosas en los aviones comunes por contraposición a las de los Aviones roqueros, que son más reducidas, normalmente a un par de docenas de individuos. 




La amplitud del territorio recorrido también suele ser mayor en los Aviones comunes, aunque los Aviones roqueros que prefieren cazar en los acantilados, también hacen incursiones en los bosques circundantes. 

Alcaudón real: Comunidad ribereña del río Matarraña

El Lanius meridionalis (Alcaudón real) es un cazador, como todas las especies de su familia. También caza, como los demás, desde lo alto de una percha. Presas pequeñas como es propio de su tamaño. Empala a sus presas recién cazadas en una ramita almacenándolas a modo de despensa. 



Lo que les diferencia es su rareza en el valle del río Matarraña, pues son escasísimos y, en consecuencia, muy raros de ver. 

martes, 14 de agosto de 2012

Águila real en los Puertos de Beceite

Ver volar un Aquila chrysaetos a una veintena de metros es espectacular, inconmensurable...es una experiencia que no se borra en días. 

Pero si además viene volando despacito, escudriñando el rafe del acantilado en el que tú estás sentado y, de repente, te descubre, te da un par de vueltas para ver quién narices eres y qué pintas en ese sitio donde nunca había visto a un ser humano... 

Y te mira...y casi se te corta la respiración. Una palada, como los remeros, y se eleva para ganar ventaja...

y cuando ha decidido que ni eres comestible, ni amigo (los seres humanos para ella no lo son), decide seguir con su rutina de escudriñar el bisel del acantilado. Da un par de paladas seguidas, como un remero familiar de Lobezno o de la Chica Maravilla. 

 y se aleja cien metros, planeando.  

Y a tí te deja roto, contento, admirado, sorprendido, estupefacto, incrédulo, sin respiración. Lo que has visto no puede ser verdad. Para un cómic está bien, pero eso no existe en la realidad, te dices, mientras hiperventilas. 

Pero qué va. Al rato, cuando has dejado de babear, te das cuenta de que sí, de que un ser vivo así existe y es real. Es el Águila real.